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Fallas y ruidos

Autor: Carmen Comeche Cerveron
Fecha: 02/03/2008


La Dr. Carmen Comeche, otorrinolaringóloga del Hospital Casa de Salud, advierte que los niños son los más indefensos en fallas.

"Más peligroso que una mascletá es que nos tiren un petardo muy cerca inesperadamente", asegura una especialista del Hospital Casa de Salud.
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Fallas y ruidos

Autor: Carmen Comeche Cerveron

La Dr. Carmen Comeche, especialista en otorrinolaringología de la Clínica Barona en el Hospital Casa de Salud, afirma que “más peligroso que una mascletá es que nos tiren un petardo muy cerca inesperadamente”. Esto es debido a que durante las mascletás, el impacto auditivo que recibimos no es tan brusco y además se puede paliar con unos consejos. La otorrina del hospital valenciano recomienda que “durante el acto pirotécnico se mastique chicle, tragar saliva o incluso estar con la boca entreabierta; ya que así se consigue equilibrar la presión entre el oído externo y el oído medio, que aparece al exponerse a un ruido intenso y seguido”.

Los petardos son un ruido impulsivo, de ascensión muy rápida, el cual no da tiempo a que el oído interno se prepare y asimile ese ruido brusco y de muchos decibelios. Los mecanismos naturales para proteger el oído interno no surten efecto, y esto puede llegar a dañar el oído de manera grave.

Las principales consecuencias que podemos tener al recibir el fuerte impacto de un petardo son varias, y todas ellas están relacionadas y pueden perjudicar potencialmente al oído interno. Entre las más comunes, y por las que prácticamente todos los años hay alguna visita a urgencias, destacan: el dolor de oídos, los acúfenos (conocidos como “pitidos”) que pueden ser de tipo transitorio o permanente, la pérdida de audición irreversible en las frecuencias agudas e incluso perforación timpánica, a causa de la onda expansiva del petardo.

Además de los consejos básicos para asistir a la mascletà de comer chicle, tragar saliva o dejar entreabierta la boca, la Dra. Comeche, recomienda que cuando se asista a la mascletá sobre todo que se mantenga una distancia de seguridad para que el impacto de la onda expansiva será menor.

Los más indefensos
Los niños son el grupo con mayores riesgos de sufrir accidentes con petardos, aunque también poseen mayor capacidad regenerativa por su plasticidad neuronal. Aún así, la otorrinolaringóloga del Hospital Casa de Salud, asegura que están más cerca del suelo y disponen de una menor fuerza para lanzar los petardos más lejos; lo que provoca que el alcance la onda expansiva del petardo sea mayor hacia éstos, que si de un adulto se tratase.
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